Los veintes

.veinte

Cuándo acabará esto?
Cuándo cesa el dolor. Cuánto aguanta un alma de dolores malparidos. Cuándo se agota la llama de la vela que espera. Cuánta vida se me va entre las manos en esta espera que, como dice el poeta, desespera. Cuánto sudor de la mirada que observa un punto en el vacío, frente a sí, evocando el sudor de las pieles, la alegría de la completa concordancia. Cómo se detiene este desagüe.
«Esta vez sólo tengo media arepa, hermano», me dijo. Y allí el corazón me crujió. Lo sentí claramente; ese crujido como un hueso, no, todos los huesos, entre las mandíbulas del león. Es un dolor compartido. Es una agonía y un morirse de destino.
Cómo venzo al destino que me restriega en la cara que vivo como un miércoles, como un forzado donde no debería estar y que me reitera una y otra vez que no soy suficiente para llenar un corazón. El corazón de quien amo, para más suplicio.
La vida se detiene hasta nuevo aviso. El dolor no.

 Caminando con mi padre, a propósito de cualquier cosa, no importa; me contaba que al llegar a Caracas, proveniente de su natal San Cristóbal, en el año 52 y con diecisiete años apenas encima, le llamaba muchísimo la atención ver las negras. En los Andes venezolanos, por aquellos años, no era frecuente ver negros, de ahí su sorpresa y su asombro. 
Me contaba el viejo que, se imaginaba, y se preguntaba, cómo se verían las negras estando desnudas. Al tiempo, en cuanto logró reunir algo de dinero, se fue a la plaza Miranda y se dio a la tarea de la caza. Vista su presa, se acercó a ella, y le propuso el negocio. Efectivamente, la joven morena estaba trabajando, así que todo fue fácil, ponerse de acuerdo en cuanto al precio, y el sitio. Sació mi padre su curiosidad.
Casi sesenta años después allí estaba mi viejo, recordando a propósito de cualquier cosa, a la negrita aquélla. Y es cosa extraña la memoria. Lo que más recuerdo, decía mi viejo, es que me dejó, por días, un ardor en la barbilla. Me raspaba la barbilla con el pelo, duro, que lo tenía. Cosa extraña, decía antes, cómo actúa la memoria; su curiosidad era por cómo lucían las negras desnudas y él sólo recordaba el ardor en la barbilla. 
La memoria sólo salva las sensaciones, no los sentimientos. Así de simple.

 

.ventidos

 En el silencio de Dios es que se forjan o se deslavan las almas de los hombres.
En el estruendo del día a día, de la calle, las cuentas y los deberes se hunden los corazones puros.
Los corazones puros no tienen espacio en el gran libro de la vida. Ni siquiera en el silencio de Dios.
Los corazones puros solo caben en uno que otro pecho de cabeza poco acomodada sobre los hombros. 
La vorágine de los nuevos tiempos apenas dan espacio en las gentes para un pensamiento puro, o dos, a lo largo de toda una vida.
Así es como Satanás le gana el pulso a Dios: un día a la vez.


Amar más la trama que el desenlace???
Comenzar una nueva vida siempre nos genera incertudumbre, ansiedad y una melancolia extraña, que pareciera meterse en los huesos y cuando hace frío, duele.
Recomenzar es aún peor. Cuando hay ruinas de un pasado inmediato allí, en el alma, que es donde se edifican las mayores empresas del ser. Entonces cuando se va a hacer un nuevo presente las ruinas estorban.
Parece que algunas personas son dadas a construir tomando como punto de partida los cimientos anteriores. Parece que algunas personas se comen a otras personas. Parece que esto les gusta. Tal parece que esto no es bueno aunque se acompañe con ensalada!!!
Así pues, reconstruirse no es tarea fácil. Como dije, especialmente cuando llueve, y es viernes. Especialmente cuando es de madrugada, y el día nada que llega. Ni el sueño. Muy particularmente cuando hace silencio, y no nos queda otra que estar con nosotros mismos. Por eso siempre es mejor limpiar los viejos escombros y comenzar de verdad, de cero.
El pasado, debe siempre ser pasado y allí quedar. El futuro es tierra amarilla, no muy apta para las grandes construcciones. El presente en cambio... Ah, el presente!!!
Amar la trama, olvidarnos del desenlace. Amar el presente, y las buenas nuevas que nos trae disfrazadas de canciones, personas, sitios y hasta plantas de sonido echando humo!!!
Bueno, digo yo que es mejor eso a vivir una vida de antropofagia...

 

.venticuatro

 Hay cosas inentendibles. 
¿En verdad hay algo que pueda entenderse?
Todo es repetirse. Ayer fuimos niños, hoy somos padres. Y es la misma porquería de proceso que se clona y se repite constantemente sin importarle el precio de la gasolina ni el del kilo de pan. Tampoco le interesa el mercado laboral y menos el inmobiliario. No tiene que ver con nada. Es como un presidente, que allá en su trono todo es como es y el resto poco o nada importa.
Si uno llora, si uno ríe, si uno ama o desama. Si te caes o si te mueres. Nada importa cuando las leyes de la vida vienen y te aplican sus artículos, sus reformas no publicadas en gaceta y no consultadas a nadie. Simplemente ella viene y te mete qué-se-yo-qué-cuento y listo, jodidos todos.
¿Cómo ser un padre y explicarle a tu hijo algo que ni si quiera tú puedes entender? Peor, ¿vale la pena explicarle algo? ¿Vale la pena siquiera reproducirse? Todo parece cargado de una fatuidad insostenible cuando la verdad te explota en la cara y parece que te toca lijar la madera que jamás alisa. Y darle de beber a tu hijo del ánfora vacía que es el mundo. 
No tengo idea cómo hizo mi madre para no regalarme a la medicina, vivo y todo, no importa. O para no venderme por kilos en el mercado. La gente come cada cosa. O qué se yo, cómo hizo para criarme y no estar recluída ahora mismo en una entidad siquiátrica. Creo que el Alzheimer es una enfermedad de padres. Quizá yo decida padecerla algún día.


Hoy el sudor de los ojos, el aplastamiento del pecho contra la espalda, el bendito "malditasea" y todas aquellas cordiales señales de dedo medio, los corpiños, las ausencias que se visten de pieles y amores pasajeros ridículos, vacíos. Hoy no hay hoy, ni mañana. Hoy me vencen las esdrújulas, las blancas me las cojen las negras y solo tengo bemoles, que no sostenidos... esos se me cayeron con ese abrir de las piernas sin deseo, sin mirar a los ojos.
Hoy a mi esposa se le cayó un sueño. Hoy la vida le escupió en la cara y a mí me cagó en las manos. Los ojos no me lloran, el sudor está allí, contenido. No puedo ni respirar, pero el sudor no suda en mis ojos.
Hoy quisiera que el almanaque fuese un libro cuyas hojas no caen nunca. Y que el atlas fuese un juego al estilo de la rayuela y que de un brinco pudiera llegar a Toscana. Hoy no sé qué soñar, salvo que te abrazo con aquel primer abrazo de semana santa. Hoy no sé si soñar sea oportuno.
Yo tampoco entiendo muchas cosas, sabes? Quién, que sea sincero, entiende algo de la vida? Lo que digo, para tratar de respirar es que existen cópulas verdaderas, llenas de saliva, rocío de pieles y gemidos no de rabia, sino de amor. Que el placer de las mil y una noches, de las gitanas y los guerreros nórdicos no se acabó frente al Indio y la India. Digo que Estámbul quizá fue una señal de que es posible ser libre juntos...
De cualquier manera, hoy quiero pedir la luz para ti. Y si queda algo santo en mí, no es sino tuyo. Hay clavos que aunque se oxiden no dejan sangre en las manos. Hay pretensiones de madres que alejan de los caminos que se ha dispuesto desde los tiempos sin tiempo... Hay decisiones duras, es cierto. Pero más dura es la piedra, y el agua pacientemente la rompe...
Hoy no me importan ya nada los ayeres. Hoy apenas me importa el hoy, que me duele demasiado tu hoy y mi hoy. Hoy pienso es en los próximos hoy que vendrán. Apenas me queda una mueca que se parece a una sonrisa. Pero si me abrazas... ah... no hay camino que no quiera andar, ya sin familia, sin nacionalidad ni nombres... solo estas dos almas viejas que se deben tanto...

 

.ventisiete

 Dice el refrán popular que "Dios sabe lo que hace". Decir eso, ver las noticias y no pensárselo antes de volver a repetir tales palabras es cosa de aberrados.



 El futuro siempre será más largo que el pasado. Aún para el desahuciado. El futuro siempre es algo que nos sobrevivirá. 
El futuro es la sonrisa de los optimistas. El pasado es la lágrima de los tristes.
El presente no tiene cabida por su propia manera de ser. El presente sólo toma relevancia cuando "vaya a ser" o cuando "haya sido".
El presente es la espera sin rótulo.

.29

 El amor es todo luz y perdón y entrega y todo eso que hemos idealizado durante estos años?
No lo creo. La vida no necesita del amor para seguir su curso. La vida nos rebasa, nos sobra; y en nuestra pequeñez le ponemos estos parámetros a la vida para no perder la perspectiva, la línea del ponto.
La verdad es que somos nosotros quienes necesitamos esta idea de amor puro, inocente, beato; no la vida.
Lo peor es que no somos capaces de vivir un amor así como el que idealizamos. No por mucho. Nos engañamos tratando de sostener ese ideal. 

Seamos sinceros.

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