Los ceros

 Una profesora de arte, viendo un cuadro mío me dijo, «no tiene fin, Néstor, dale fin» Y lo hice. Y fue bueno. Bueno en un sentido mortal. Toda obra de arte que valga la pena, en cualquier género, es infinita. La finitud es una propiedad ajena a la grandeza.

Por eso todo artista es muy femenino; su cerebro funciona como una vagina. Puede recibir por tantos medios y tan diversos, la estimulación que es fácil excitarse. Pero el orgasmo… Ahhh, el orgasmo es otro cuento.

 

.tres

 Mientras más grande la mano que los sostenga, más pequeños se nos harán ciertos órganos. Siempre me lo ha parecido. Igual pasa con las penas: cuanto más grande el corazón que los albergue, más insignificante serán estas. Pero ay de los hombres: nuestro corazón es apenas del tamaño de un par de medias dobladas.

 Lo malo de andar entre artistas es que nunca se sabe cuándo acabará uno siendo el leit motiv de algún cuadro, de alguna canción o alguna novela, cuento o poema. Es como perder la intimidad a conciencia. Esto es una violación aceptada; o resignada, en el peor de los casos.

 

.cinco

 ¿Aquel que inventó la música previó el basto mundo de posibilidades que esta desarrollaría? ¿Los árabes, al inventar los números, tendrían a bien saber el infinito que desarrollaban? ¿Dios habrá sabido algo del hombre al crearlo? Pensando en esto me digo que todo gran invento es infinito sin proponérselo, y accidental casi siempre. Ahora bien ¿en realidad es Uno el que inventó la música? ¿No son acaso «los» árabes, en plural? ¿Por qué habría de creer entonces que exista Un creador? Y viéndolo bien ¿quién crea la inmensidad sólo? El buen Dante, acaso. Y todo por desamor. Las obras más maravillosas se las debemos al dolor. ¿Estaría Dios despechado? 


 Si alguna vez he amado, si es que esto haya sido así alguna vez, cómo distinguirlo de la enorme cantidad de veces que he creído amar. Cuál es la línea que divide el creer del ser; del hecho en sí.

 

.siete

 «Rico no es el que más tiene sino el que menos necesita» Dice Facundo. Y el que menos necesita, digo yo, es el que menos sabe. El conocimiento, nos esclaviza.

 Nunca se haya uno del todo a gusto, del todo satisfecho. Por qué. Acaso el buen Dios no previó el holocausto que todo hombre se lleva consigo a la casa del otro. Es decir, que necesidad, o debiera decir «necedad» la de querer juntar dos almas que jamás acabarán de gustarse, de satisfacerse del todo. Claro, quizá hable por mí la amargura de mis contradicciones. Hay alguien que, siendo, no haya sido contradictorio algún día de su vida, me respondo.


.nueve


Pasarse la vida queriendo «ser» alguien. Todo mundo «es» alguien. Por qué mejor no dejar el afán y entregarse, simplemente a esa nada que se nos legó desde el estallido primigenio y sólo no-ser «alguien». Digo, ya basta de repeticiones.

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