Los treintas

 Especialmente para una puta, perder la capacidad de hacer sentir como el único a quien la toma, es el fin.
La ilusión lo es todo.

 Hay seres planos y, como los platos, otros hondos.
Alguien cambia? Se es como se es hasta el último día sin remedio???
Hay personas que traen un dolor viejo encima. Un cansancio metido en los huesos. Un oceáno de agua con sal detrás de los ojos, en las cuencas mismas. Hay silencios que nos superan, que nos vienen desde la concepción.
Se puede torcer lo torcido? Una vida destinada al fracaso tiene remedio en la voluntad? Y si una persona nace sin voluntad? Qué son las buenas intenciones sin voluntad? Qué es un sueño sin voluntad? La voluntad pareciera serlo todo en esta vida y...
Sin embargo no se puede hendir un cuchillo sobre la sangre sola. Es necesaria la carne...
Hay almas que por más que se tiendan al sol no se secan...


 viendo a mi padre poco a poco perderse en su memoria, en sus recuerdos, irse apocando, minimizando en sus fuerzas y en su propia voluntad se me hiela el corazón.
pedir una sopa, comérsela y al cabo de cinco minutos preguntarme por la sopa es... cuando menos, atroz. 
no sé cuánto tiempo espere en el patíbulo de la muerte así, sin más memoria que algunos retazos.
mira que vivir una vida a su manera, y morir a la manera que se le antoje al olvido es la demostración máxima de que Dios está harto de su trabajo todopoderoso.

 

.treinta y tres

Que no te engañe un silencio ni una mirada discreta.
Que no te vendan paños tibios en una tormenta.
Ni te ahoguen la respiración dolores fingidos.
Que el Domingo siga teniendo la luz más clara de la semana, y los jueves me sigan sabiendo distinto. Que el 29 sea eternamente mío y el 12 permanezca inamovible en mi corazón.
No te fíes de negativas temblorosas, ni de voces que no cantan.
Nunca se sabe lo suficiente sobre nada como para emitir juicios. Menos aún para los prejuicios...


Hay ciclos en la vida. Y hay vidas que son parte de un mismo ciclo. Mi abuelo, mi padre, yo mismo, y mi hijo. Analizo y pienso y sopeso y me parece ver cuatro eslabones de la misma cadena. Como si en una brújula Norte Sur Este y Oeste estuviesen representados en el mismo punto al medio de ésta.

Con 77 años, un marcapasos y señales que parecieran indicar la terrible "enfermedad del olvido", mi padre habla como nadie de sus sueños. De susplanes. De su futuro. La realidad es, y siempre lo fue, un espejismo que sólo ven los otros, no él.
Le pido que por favor adapte sus sueños a la realidad. Que sueñe, pero que lo haga conciente de sus limitantes. Y dice que es verdad, que tengo razón. Y me asegura que cuando esos sueños los vaya cumpliendo, "poco a poco", las cosas cambiarán. Todo será mejor.
Me pregunta más tarde que si creo que alguien puede cambiar su vida, su destino. Le pido que por favor me lo demuestre él mismo para ver con alegría en los ojos el futuro de mi hijo. Que me demuestre que sí, es posible romper el ciclo. Y se sonríe con esa hermosura que sólo un padre amoroso puede mostrar. 
Cómo pedirle a una hoja que no caiga en Otoño?


 Creo que olvidamos el momento en que nacemos a propósito.


La vida es el arte del desencuentro, leí alguna vez, no sé dónde. 
¿Nos encontramos para desencontrarnos luego?, me pregunto.
Quizá haya encuentros que salven el resto, las despedidas y las odas de pañuelos blancos batiéndose en el aire.
Quizá toda vida sea ese batir de adioses y sudor de los ojos.
Acaso seamos premiados alguna vez con encuentro único, un encuentro sin desencuentro. Un hola sin adiós. Un camino sin fin. Acaso haya en la vida esto que soñamos tantas veces, esa maravilla que salve a los despechados.
La magia del primer amor, reside en la sensación de que será eterno. No importa el primer amor tanto como el último. Habrá en el camino ese último encuentro, arrasador y definitivo? Cuya fuerza arrasadora sea el epicentro de la vida misma, el principio del final. Ese encuentro que desafíe a filosofos, poetas y cantores. Ese encuentro que hace que llamemos a Dios Dios.
Yo creo que sí.

Los extremos son fácilmente reconocibles.
Los ricos se reconocen entre sí. Y reconocen también a los pobres, así, tan sólo mirando de soslayo.
Igual los pobres.
¿Pero qué pasa con los del medio? Ahí estan los prejuicios, los señalamientos. Y todo eso forma parte de no reconocerse en ninguna de las puntas sociales.
El medio siempre es más denso, más grumoso y menos claro. 
Los extremos siempre son más exaltados, más despiertos.
¿Pasará así con otras cosas de la vida? A veces me parece que sí

 

.treinta y ocho

La verdad es promiscua. Es una puta que se acuesta con todos y a todos les jura amor eterno. Es una puta barata, además.
Cada quien tiene un punto de vista, una verdad. Un color delante de los ojos con el cual ve y percibe el mundo. Y en base a ello, cada quien saca sus conclusiones y promulga "la verdad"; como si fuera gran cosa.
Y entonces yo digo, ¿quién entiende a quién? ¿quién se saca las legañas para ver mejor? La verdad es una puta traicionera.
Y no es culpa de la verdad. Ella sólo es así, sólo puede amar con ese amor maculado que el Buen Padre le dio. La culpa es de quien cree en ella. Y quien cree que la verdad es sólo suya y de nadie más.
Bueno, y esto lo digo yo como si fuese verdad y resulta que acabo de verla a ella, a la putita esa de la mano susurrándole al oído a un vecino, jurándole quién sabe qué.


 Hay volcanes dormidos. 
Hay quien ve en una ola dormida del mar, los cimientos de un tsunami.
Hay conexiones así. Sensibilidades tremendas, acaso.
Una noche de una luna caprichosa, de celebración, me sucedió el tsunami.
Cuerpos sudando musicalmente, imágenes y detención de movimientos.
Y volcanes dormidos cuya lava quemó... todo!

Hay pausas, silencios. 
Y hay arrebatos, y hay máscaras y poses y respuestas calculadas.
Hay, sobre todo, miedo.

Los golpes predisponen. 
 En verdad hay algo que sea de un color o de otro, ¿y ya?
Hay perfumes tan tersos como suaves sones de oboe y tambor. Hay ojos que de mirarse fijo se traspasan y se amalgaman.

Sea como sea, no es menester de la trama conocer el desenlace.

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