Los dieces

Hay un silencio hondo que ningún hombre desea escuchar. Y no es irónico eso de escuchar un silencio porque hay silencios que hipnotizan, hay silencios que nos conmueven y silencios que nos asustan. En todo caso el mío se parece más a este último.

 

.once

 Soy esta ausencia este rojo desteñido esta córnea miope soy esta silente pausa esta pluma y este abrojo este noveno paralelo una mueca un tornillo enmohecido una mañana de lunes un cuchillo enterrado una saeta muteada un ombligo neonato y una mirada de anciano pemón un clic una ruana en el caribe soy la inmensa placa tectónica de Septuberión y una trompeta desafinada y un bemol sostenido de un piano sin negras y también soy el cuadrado de una equis despejada en la ecuación de alguien por inventar.


Porque hay ciertos acontecimientos cotidianos, minusculos, irrelevantes; llenos de una luz insospechada y una espontaneidad pueril, estaría completamente convencido de que Dios no existe.
Pero la duda es la base de toda mente corrupta. 

 

.trece

Hace unos días dejo a una amiga en su casa. Ella al bajarse recibe con emoción a un enorme gato que viene hacia sí. Casi con esfuerzo lo carga y me dice su nombre. Yo me quedo algo impresionado por el tamaño de éste. Ella debió notarlo pues me hizo la explicación: «Es que lo castraron; cuando los castran engordan mucho. Se lo hicimos para que estuviese tranquilo, así no sale, ni anda por ahí buscando lo que no se le ha perdido». Yo no sabía muy bien qué pensar hasta que salió el papá. Gordo, muy grande. Allí lo entendí, le habían hecho lo mismo al pobre hombre. El matrimonio, o el tiempo, es lo que le corta las bolas al hombre. Su castramiento es lo que la sociedad celebra como «madurez».

 Dice Boris Vian en el Prefacio de «La espuma de los días» que «En la vida, lo esencial es formular juicios a priori sobre todas las cosas. En efecto, parece ser que las masas están equivocadas y que los individuos tienen siempre razón» Yo entiendo esto, y como Ovidio con el bien, lo desapruebo. Diría que si bien todo ser humano vive sus días formándose juicios a priori sobre todo cuanto observa, en una sociedad ideal(izada) el común debiera ser radicalmente opuesto a tal arbritariedad. El ser humano debería «no» tener juicios a priori sobre nada; como los niños. Debería siempre existir en función de la experiencia, no del juicio. Y la experiencia se adquiere mediante la vivencia. Acaso deberíamos hacernos de una opinión, o un juicio, sólo hasta haber vivido. Una sociedad plena debería estar habitada por hombres niño, siempre insolentes, siempre plenos de un vacío por llenar, siempre a la expectativa de lo sorprendente. La capacidad de sorprendernos, esa es la meta. ¡Que viva una sociedad llena de Peters Pan!

 

.quince

Qué instinto asnal le sobreviene a un hombre que, caído una y cien veces, derrotado hasta el ridículo, vapuleado por la vida, se levanta dos, ciento un veces. Será acaso que está dispuesto por los cielos que el hombre sea la única especie sobre la tierra capaz de vivir una vida llena de desaires y aún así sacar aliento para más. A veces me parece que debiera desistir del intento de intentar. Pero quién soy yo sino apenas uno más, me contesto.


 Los helénicos, en su (in)finita magnificencia artística, heredada luego por Roma, escribieron obras mencionando a mujeres como diosas, motivos de guerra y barbarie, cantaron odas a estas, forjaron marmóreas beldades que aún hoy nos asombran en belleza y perfección. Y siglos después la belleza femenina nos sigue embelesando. Aún hoy nos rendimos a una mujer hermosa. 
Pero acaso ha podido algún artista de cualquier época, cincelar, pintar, escribir o cantarle con acierto a la inteligencia de una mujer, me pregunto yo, que más allá de la hermosura me subyuga la inteligencia: ¿Qué pensaba la escultura de Pigmalión? ¿Cuáles eran sus gustos y opiniones? O acaso la elementalidad masculina es tan absurda que nos importa tan sólo la carne, la estructura ósea que viste a una mujer. La respuesta general me da terror.

 

.diecisiete

 Hace unos días me buscó una chica con la que hice un año del bachillerato. Esta chica y yo fuimos novios. Esta chica tenía novio ya. Esta chica sabía que yo era del interés de otra chica que estudiaba con nosotros. Yo no lo sabía. Esta chica se hizo mi novia sólo por joder a la otra chica. Esta chica me jodió a mí también, que eventualmente me enteré de todo.
Veía las fotos de esta chica y la veía tan demacrada, tan fea, tan mal que le había ido en la vida. Los adolescentes pueden llegar a ser crueles. La mujeres también. La adultez te da la capacidad de perdonar. Pero también te da el regocijo de la venganza espontánea.


 Vivir es morir cada día un poco. Hay días en los que se vive más; lo que quiere decir que hay días en los que se muere más. Ello no necesariamente indique que ambos sean el mismo día. Me explico? Quién haya amado me entenderá.


Hay cosas que nos ocurren tan de pronto, tan inesperadamente. Cosas como nacer, como amar, como olvidar, enfermar, crecer, morir, ser olvidado. 
Un compendio de situaciones ridículamente habituales en el universo y a nosotros, pequeños como somos, nos mueven, nos conmueven, nos hieren, nos vejan, nos asesinan. O nos viven.
Ver su nombre en la letra impresa de un libro, un cuadro propio en la sala de alguien más así como si el alma pudiera exhibirse como un adorno. La pedantería del ego y de las palmas que quieren agrandar lo eternamente diminuto, el ser humano.

Los sueños que penden de un hilo que no sabemos si es de diamante o seda. No sabemos cuándo caerá al suelo y se desparramará como un níspero. Tampoco sabemos si toda la vida penderá allí sin caer o si alguna vez le crecerán alas y crecerán grandes. Esos sueños que dependen de una decisión, ajena.

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