De visitar a mi papá -O algunas alegorías perversas-
-Viejooooo! Bendición?
-Dios te bendiga... y te haga bueno, decía mi mamá. Y yo le echaba broma: Ora mamá, y fue que Dios me hizo malo? Se ponía bravísima, muchacho tú y tus cosas.
Y se ríe mi viejo contándome ésto. Se ríe bonito, se ríe sabroso.
Es que, si algo tiene la vejez, parece ser la autenticidad. La gente, ya cansada de fingir, es... y punto.
Claro, mi papá siempre fue un tipo auténtico. Quizá demasiado. Y me refiero a que siempre fue desprendido no sólo con las cosas materiales, sino con todo. Trabajos, amigos, familia, dinero, amores...
Yo creo que él ha vivido una vida feliz. Creo que ha vivido con una inocencia casi ridícula, que raya en la inconciencia. Es gracioso ver cómo unas letras pueden cambiarle el sentido a una palabra y, con eso, a todo lo que se dice.
Él poco a poco va allí, extraviándose en la inmensidad de más de ochenta años de recuerdos, entrelazándolos, uniendo historias, olvidando gente y episodios y cosas. A veces uno quiere olvidar, y lo que olvidamos realmente es la ligereza con la que deseamos olvidar, sin ser concientes de lo que es olvidar. Hagamos memoria, y notemoslo: el olvido es una trampa.
-Bueno viejo, me voy, bendición?
-Dios te bendiga... y te haga bueno, decía mi mamá. Y yo le echaba broma: Ora mamá, y fue que Dios me hizo malo? Se ponía bravísima, muchacho tú y tus cosas.
Y se ríe mi viejo contándome ésto. Se ríe bonito, se ríe sabroso, como si nunca me lo hubiera contado. Allí radica su felicidad, y mi dolor: siempre tiene una primer risa!
-Dios te bendiga... y te haga bueno, decía mi mamá. Y yo le echaba broma: Ora mamá, y fue que Dios me hizo malo? Se ponía bravísima, muchacho tú y tus cosas.
Y se ríe mi viejo contándome ésto. Se ríe bonito, se ríe sabroso.
Es que, si algo tiene la vejez, parece ser la autenticidad. La gente, ya cansada de fingir, es... y punto.
Claro, mi papá siempre fue un tipo auténtico. Quizá demasiado. Y me refiero a que siempre fue desprendido no sólo con las cosas materiales, sino con todo. Trabajos, amigos, familia, dinero, amores...
Yo creo que él ha vivido una vida feliz. Creo que ha vivido con una inocencia casi ridícula, que raya en la inconciencia. Es gracioso ver cómo unas letras pueden cambiarle el sentido a una palabra y, con eso, a todo lo que se dice.
Él poco a poco va allí, extraviándose en la inmensidad de más de ochenta años de recuerdos, entrelazándolos, uniendo historias, olvidando gente y episodios y cosas. A veces uno quiere olvidar, y lo que olvidamos realmente es la ligereza con la que deseamos olvidar, sin ser concientes de lo que es olvidar. Hagamos memoria, y notemoslo: el olvido es una trampa.
-Bueno viejo, me voy, bendición?
-Dios te bendiga... y te haga bueno, decía mi mamá. Y yo le echaba broma: Ora mamá, y fue que Dios me hizo malo? Se ponía bravísima, muchacho tú y tus cosas.
Y se ríe mi viejo contándome ésto. Se ríe bonito, se ríe sabroso, como si nunca me lo hubiera contado. Allí radica su felicidad, y mi dolor: siempre tiene una primer risa!
Comentarios
Publicar un comentario